Con la derrota de Argentina en la final del Mundial asoma la puerta del retiro de Messi
El astros tiene 39 años y al siguiente Mundial llegaría con 43. Parece mucho para un jugador de leyenda.
Después de 207 partidos, 125 goles, un Mundial, dos Copas América, una Finalissima y un sinfín de curvas, algunas pronunciadas, algunas otras menos, Messi llegó a la estación que puede ser la última en su intensa trayectoria con Argentina. Aunque no está confirmado, el adiós sin título a la actual edición puede suponer el adiós definitivo a su país.
Su partido fue discreto, aunque siempre con el riesgo de que en cualquier jugada pudiera decantarlo. Estuvo muy bien protegido en todo momento. Se le alejó del área y de la posesión de la pelota. Se le neutralizó por completo.
Messi tiene 39 años y al siguiente Mundial llegaría con 43. Parece mucho para un jugador de leyenda. Sí tiene más cerca la Copa América de 2028. Dependerá de cómo se encuentre de fuerza y de nivel para verle en acción aún con la Albiceleste, a la que llevó a cotas que jamás se hubieran imaginado.

Los seis Mundiales del 10, igual que los de Cristiano, son ya historia, pues nadie nunca antes alcanzó tantos. También ha sostenido una batalla legendaria por ser el máximo goleador histórico de la competición. Superó el récord de Klose durante la competición y posteriormente se mantuvo en lo alto hasta el zarpazo definitivo de Mbappé, que se aprovechó del partido por el tercer y cuarto puesto para superarle en la tabla: 22 contra 21.
En cualquier caso, Messi puede estar muy orgulloso de lo hecho con su país, a pesar de que el inicio fue especialmente desagradable. Los sinsabores del, para muchos, mejor jugador de todos los tiempos comenzaron en 2006, en su primer Mundial, cuando Pékerman no le dio minutos en la eliminación ante Alemania a pesar de que había tirado la puerta abajo en un partido anterior ante Serbia.
Peor fue lo que vino después. El debate nacional sobre su figura en la selección argentina le fue carcomiendo. Le costó ser el mismo que en el Barça y, además, tuvo la mala fortuna de perder cuatro finales seguidas: las de la Copa América de 2007, 2015 y 2016 y la del Mundial de 2014. Llegó un momento, en 2016, en el que explotó y renunció a la selección.
Afortunadamente, recapacitó y le dio la vuelta a la situación gracias, en parte, a que Scaloni le entendió mejor que nadie y le puso centrocampistas alrededor que le ayudaran. El punto de inflexión fue la Copa América ganada en Maracaná el año de la pandemia. Luego vino la Finalissima y, sobre todo, el Mundial de Qatar, la espina que tenía clavada y que por fin logro.
Fuente: As
Foto: Cortesía

