A 30 años del tricampeonato: La gesta de los Gaiteros del Zulia de 1996 (I parte)
Iniciamos una serie de reportajes de la mano del reconocido periodista deportivo Ángel Bracho, quien nos sumerge en los detalles tácticos y emocionales de aquella temporada donde el equipo musical demostró por qué siempre se «crecía en la chiquita».
(Ángel Bracho, Maracaibo, mayo de 2026) En el “deporte de los gigantes” hay fechas que mueven las fibras y emociones de los protagonistas de las grandes hazañas materializadas en un campeonato. Son sentimientos que quedan ahí con el pasar del tiempo, escondidos detrás de las canastas y los rebotes, detrás de cada temporada, pero que cuando salen a relucir, se viven a flor de piel tal y como si se hubiesen vivido ayer. Y para los Gaiteros del Zulia, el 2026 representa evocar uno de sus momentos más significativos de su historia, respaldados bajo el calor y el fervor marabino.
Han pasado 30 años de aquel mediodía del 7 de julio de 1996, fecha en la que se alcanzó ese nuevo cetro del baloncesto nacional, el tercero del equipo y el primero frente a su público en el Pedro Elías Belisario Aponte, razón suficiente para darle a este cetro un valor sentimental diferente y especial. Es por esta razón que a continuación se presenta el siguiente trabajo especial, en el que se recuerdan algunos de los hechos que enmarcaron la temporada de ese 1996 para el equipo zuliano.
No fue una gesta fácil porque, como en todos los títulos de los Comecandela, el equipo no era el favorito de la crítica nacional y además debía enfrentar por momentos las dudas de su propio entorno, una desconfianza ocasionada por, entre otros factores, contar con una plantilla que no era considerada como la más sobresaliente de la todavía joven Liga Profesional de Baloncesto (LPB), esto a pesar de contar con nombres importantes.

Sin embargo, la temporada tuvo algo que fue determinante: la confianza y el cierre de filas del mismo equipo. Fue un reflejo del trabajo y de la humildad de todos y cada uno de los miembros del equipo, así como de las decisiones adoptadas en la oficina.
Un D.T. de la casa y una plantilla cambiante
El equipo llevaba la estampa de los hermanos Paul y Alirio Romero desde el principio e inició la pretemporada en febrero, cinco semanas antes del comienzo de la liga. Gustavo García repetía como director técnico con Nicolás Solano como asistente. García, campeón como jugador en 1984 y 1985, disipó las dudas sobre su juventud (35 años) tras alcanzar la semifinal en 1995, por lo que se mantuvo en el banquillo pascuero en una decisión aprobada plenamente por “Camarón” quien llevaba las riendas del aspecto deportivo del equipo.

David Díaz (capitán) y José Echenique eran los principales referentes venezolanos y repetían con el equipo tras el 95. Algunos jugadores llegaban tras solventar dificultades físicas: Carlos Villasmil arribaba a Maracaibo desde Trotamundos tras superar lesiones en sus tobillos, mientras que Ramsés Ibarra (fractura de tibia y peroné), Howard Gerdel, Rubén Tovar y Willie Naranjo venían como agentes libres. Posteriormente, llegaría un joven Ludwing Irrazabal desde Cocodrilos de Caracas. Era una plantilla guerrera.
“Cuando llegué al equipo, lo que más me gustó fue el respeto con el que me recibieron, especialmente Gustavo García”, cuenta el piloto Carlos Villasmil. “Era como cuando en los equipos se recibían a las grandes estrellas, eso me sorprendió”, continúa.
En la importación, Gaiteros contó durante toda la temporada con el pívot estadounidense Ron Draper, quien completó una de las actuaciones individuales más recordadas en la historia del conjunto musical. Draper destacó desde su misma llegada por su solvencia y dominio en el juego de puesto 5, tanto ofensivo como defensivo, aunque no estuvo alejado de las inconformidades por los manejos administrativos a nivel dirigencial y los constantes cambios de extranjeros, que incluyeron la participación de hasta nueve jugadores importados ese año.
Con 2.05 de estatura, “Ron”, quien contaba con un interesante recorrido por las ligas de Turquía, Bélgica y Argentina, enfrentó a los principales pívots de la época en la liga venezolana, tales como: Alexander Nelcha, César Portillo, Keith Hill, Ronnie Tompkins, Richard Lugo y especialmente Omar Walcott Roberts.

Danny Pearson regresaba a Maracaibo tras su descollante actuación de 1994, pero los problemas físicos y el descontento del jugador por los retrasos administrativos mermaron el rendimiento del norteamericano, quien tras cuatro partidos se marchó. Según la prensa del momento, la llegada del alero californiano Logan Vardel Velden para sustituirlo molestó a Pearson, quien abandonó al club para dejar el camino libre a Vander Velden, quien a su vez y paradójicamente, se iría del equipo aludiendo inconformidades administrativas y problemas físicos.
A Gaiteros ese año también llegaron, entre otros, Edmond Wilson, Joseph Reet, Emmett Hall y Calvin Taldford. “Cuando ves marcharse a un jugador tras otro, provoca tomar tus cosas e irte… Pero este equipo tenía algo especial, veías que tenía chance de ser campeón… Y yo quería salir campeón”, declaró en su momento el californiano Draper al diario PANORAMA.
El desfile de nombres se detuvo cuando el primero de junio, ya en la parte final de la temporada, llegaba Andre Owens para dar la deseada estabilidad a la plantilla, en el último tercio de la campaña. Owens era un jugador completo, con 1.98 de estatura y solvente desenvolvimiento en las posiciones 1, 2 y 3, así como en el costado defensivo. Una vez que Andre pisó el Belisario Aponte, Gaiteros terminó de convertirse en el equipo a vencer ese 1996.
El cambio que transformó todo
Sin duda, el gran movimiento de la temporada de 1996 fue el cambio que trajo a Gabriel Estaba a Maracaibo. “El Jabao” se encontraba en Barquisimeto con los entonces Bravos de Lara, sumergido en un serio conflicto por desacuerdos económicos dados entre otros factores, por el tope salarial que existía en la LPB en ese momento y que generó diferencias irreconciliables entre el jugador y la directiva guara.
Las conversaciones para concretar la llegada entre ambas gerencias fueron muy breves. Carlos Gómez Urqueola, propietario de los Bravos, propuso a Alirio Romero el cambio directo de Gabriel Estaba por José Echenique y otro jugador. La propuesta sorprendió a “Camarón”, quien se vio con la opción de traspasar a uno de sus jugadores referentes (que incluso recibió votos para el premio al Jugador Más Valioso de 1995) por un Héroe de Portland con problemas de lesiones y críticas por su comportamiento fuera de las canchas.
Tras una rápida ronda de intensas y dinámicas discusiones con su círculo cercano, “Camarón” Romero aceptó la estruendosa propuesta de su socio de liga, para así concretar el 16 de marzo de 1996, uno de los cambios más recordados en la historia del baloncesto venezolano que trajo a Gabriel Estaba a Gaiteros del Zulia. “Me dolió el cambio, porque no lo esperaba”, expresó Echenique a la prensa local tras su ida a Barquisimeto.

Carlos Villasmil fue el segundo jugador involucrado en la transacción, aunque la consumación de su ida se concretaría al final de la campaña. “Camarón”, en una movida habilidosa, le solicitó a Gómez Urqueola retardar la llegada del novato del año de 1992 para 1997, es decir, la siguiente temporada. El propietario barquisimetano aceptó y así Gaiteros mantuvo la base necesaria para ser contendiente por el título ese año, campeonato que finalmente logró.
“Fue una de las apuestas más arriesgadas de ‘Camarón’, en especial porque se desprendió de (José) Echenique, que era el gran referente. Fue algo corajudo de su parte”, reflexiona el Gerente General de Gaiteros del Zulia de 1996, Orlando Estrada.
“Gabriel era un líder nato; cuando llegó, se encargó de espabilar a los jugadores que él sabía que podían rendir, pero que por diferentes circunstancias estaban aletargados… Le costó adaptarse en sus primeros días; llegó con 19 kilos de sobrepeso y tres de hernias discales. Era un verdadero enigma…”, cuenta el Head Coach Gustavo García.
“Maracaibo era una plaza difícil y había que garantizarle aspectos logísticos y económicos, algo que no era sencillo. Pero una vez que se coordinó todo, puso todo su profesionalismo, se recuperó y fue nuestro motor”, recuerda el técnico marabino.
“Él era un poco disperso y distante al principio, pero cuando vio lo bien que nos llevábamos los que estábamos en el equipo, se acopló y fue la diferencia ese año”, expresa el alero Ramsés Ibarra.
“El cambio fue para bien y el tiempo lo demostró. Ya nosotros teníamos a David Díaz, pero nos faltaba ese otro líder que nos llevara a dar el esfuerzo extra. Él siempre ha sido un competidor nato y nos inspiró eso, a dar un paso más allá de lo que creíamos que podíamos”, continúa Ibarra.
“A nosotros nos hizo muy bien el cambio a pesar de perder a (José) Echenique. El grupo se compactó y fue más fácil de dirigir para Gustavo (García)… pero especialmente se fue cohesionando con la fanaticada y eso nos ayudó”, analiza Carlos Villasmil.
La llegada de Gabriel Estaba dinamizó al equipo, pero especialmente a la fanaticada gaitera tras 10 años sin ganar un campeonato. El cambio movió todo. Su liderazgo, garra, carácter ganador y carisma le permitieron conectar inmediatamente con el aficionado zuliano, que lo recibió con los brazos abiertos y lo adoptó como un zuliano más, no solo esa temporada, sino en las que estaban por venir.

Primer lugar en la ronda eliminatoria
Gaiteros terminó la ronda eliminatoria con registro de 26 victorias y 16 derrotas en los 42 partidos disputados en esta fase. A lo largo del año sostuvo una cerrada lucha con Marinos de Oriente por el mejor registro en la tabla de posiciones, factor que finalmente obtuvo debido a que le ganó la serie particular ese año a los orientales 4-2.
Este fue un detalle vital, porque los zulianos tuvieron ventaja de localía en toda la postemporada, incluso cuando volvieron a enfrentar a los de Puerto La Cruz en la final a siete juegos.

Una intensa postemporada y eliminación del campeón
Gaiteros enfrentó a los Toros de Aragua en los tercios de final que incluían como novedad permitir la clasificación a la semifinal al “mejor perdedor” de las tres series que disputaron en ese momento: Gaiteros – Toros, Marinos – Trotamundos y Panteras – Cocodrilos.
Los astados tenían en sus filas a Harold Keeling, MVP de esa temporada, y su aporte se vio reflejado en una serie intensa que decidió en siete juegos a favor de los zulianos, que ganaron la serie 4-3. Toros figuró como el mejor equipo vencido, por lo que ambos equipos pasaron a la siguiente fase.

En semifinales, Gaiteros enfrentó al campeón defensor de 1995: Panteras de Miranda, un equipo que contaba con Víctor David Díaz establecido ya como el gran referente y estrella del baloncesto venezolano, junto con un joven, pero muy talentoso Richard Lugo, además de la histórica dupla importada Antoine Joubert – Ronnie Tompkins que marcó una de las eras más recordadas de la LPB.
Gaiteros ganó la serie 4-2 con otro llenazo en el juego seis (103-89) en el Belisario Aponte. “Con perfil de campeón” fue la frase que usó el locutor comercial Alex Márquez para cerrar la transmisión radial del último juego de esa semifinal en la que se percibía que el aura de triunfo rondaba el suelo marabino.

Por su parte, Marinos vencía también 4-2 a Toros en su semifinal y se sentaban las bases para la definición del campeonato con la gran rivalidad de ese año en la LPB: Gaiteros del Zulia vs. Marinos de Oriente, un duelo muy llamativo por el tremendo morbo existente dentro y fuera de la cancha.
En la segunda entrega de este trabajo especial, los protagonistas de la Final de 1996 comentarán las particularidades de la primera gran hazaña de los Gaiteros del Zulia frente a su público.

