Fútbol

Scaloni, el entrenador que curó la grieta del fútbol argentino

Asumió como entrenador interino en agosto del 2018, luego de la salida de Jorge Sampaoli, tras una gestión que derivó en una dura salida de la Copa Mundial 2018, en la caída ante Francia por 4 a 3, en los octavos de final, con el equipo sin funcionamiento y la amenaza latente de un nuevo alejamiento de Lionel Messi de la Selección, que alcanzaba su cuarto intento (2006, 2010, 2014, los otros) sin títulos. 

 

El tiempo, los años sin salir campeón del mundo y los debates mediáticos fraccionaron casi sin querer la historia del fútbol argentino. Por un lado, la libertad poética de César Luis Menotti, campeón como entrenador en 1978. Por el otro, la rigurosidad estudiada de Carlos Salvador Bilardo, líder del equipo que triunfó en 1986. 

Aunque ni Menotti ni Bilardo propulsaron un real enfrentamiento entre ambos, la discusión generó debates, escuelas, teorías. Todas terminaron con la aparición de Lionel Scaloni. El entrenador de la Selección argentina, que cumple 100 partidos al frente de la Albiceleste en estos dieciseisavos de final de la Copa Mundial 2026 se convirtió en un símbolo de lo mejor de cada uno. Con su impronta, curó una grieta que parecía definitiva. Su figura reúne la mirada sencilla del futbolista y la complejidad analítica del entrenador estudioso.

 

Scaloni asumió como entrenador interino en agosto del 2018, luego de la salida de Jorge Sampaoli, tras una gestión que derivó en una dura salida de la Copa Mundial 2018, en la caída ante Francia por 4 a 3, en los octavos de final, con el equipo sin funcionamiento y la amenaza latente de un nuevo alejamiento de Lionel Messi de la Selección, que alcanzaba su cuarto intento (2006, 2010, 2014, los otros) sin títulos. 

 

Había sido parte del equipo de Sampaoli, una especie de conector entre el cuerpo técnico y los jugadores, con los que había sido compañeros de algunos, especialmente de Messi. Hasta ese momento no tenía una trayectoria al frente de un plantel, pero sí ADN de la Selección argentina: fue una de las piezas clave del equipo que salió campeón en la Copa Mundial Sub-20 1997, un equipo que tenía a Riquelme (presidente de Boca Juniors), Diego Placente (actual entrenador de la Sub-17 y Sub-20) y Pablo Aimar (su ayudante de campo y mano derecha) y que dirigía José Pekerman, un evidente ‘maestro’ para la mayoría de esta generación. 

Así fue la conversación entre Scaloni y Aimar antes de aceptar el puesto, según confesó el propio entrenador en el documental «Método Scaloni» que se publicó poco antes de la Copa Mundial 2026. Su primera experiencia al mando fue el Torneo de L’Alcúdia, en Valencia, donde conquistó el título con una selección juvenil integrada en gran parte por futbolistas del ámbito local. Poco después, se hizo cargo de dos amistosos de la Selección mayor, ante Guatemala y Colombia.

 

Desde ahí, Scaloni comenzó a darle forma a su proyecto. Después del Mundial de Rusia, los datos y las estadísticas indicaban que el fútbol se dirigía hacia un modelo de transiciones rápidas, intensidad y vértigo. Él prefirió un camino diferente. Con llamados a jugadores que antes no habían sido protagonistas, como Leandro Paredes, Rodrigo de Paul y Giovani Lo Celso, apostó por futbolistas con capacidad para asociarse y sostener la posesión, construyendo un equipo más conectado y menos dependiente de las transiciones frenéticas que marcaban la tendencia de la época.

 

Scaloni y su cuerpo técnico buscan la empatía que Menotti exhibía al rescatar al juego intuitivo del argentino: mucho potrero, mucha picardía, mucho amor por la pelota.

«Tratamos de sacarle el amateurismo a los jugadores. Sacarle eso que soñaste de chico, eso que pediste, ahí lo tenés. Conseguimos esas ganas de conseguir algo para nuestro país, por nuestra camiseta, de jugar a la pelota», dijo Scaloni en una entrevista a FIFA.com poco después de ganar el premio a The Best a mejor entrenador. Y agregó: «Nosotros apostamos al sentido de pertenencia, arriba de la Selección argentina no hay nada. Anteponer el dinero a venir a la Selección es imposible y ellos lo interpretaron. Así forjamos un grupo no digo imbatible pero sí que pase lo que pase iba a dar la cara».

 

Pero Scaloni siempre se encarga de aclarar que cada partido es diferente y cada rival ofrece una alternativa. Así se refleja en los planteos durante la Copa Mundial 2022. El 5-3-2 espejado ante Países Bajos, en cuartos de final, el 4-4-2 para la mayoría de los partidos, aunque por momentos convertido en un 4-3-3. La apuesta de Ángel Di María por la izquierda en la final ante Francia. Una decisión poco habitual, tomada a partir de las características del rival. Y un estudio de las situaciones más cercano a la idea de Bilardo, un obsesivo de los videos, los detalles, la carencia de improvisación.  

 

«Las explicaciones iban variando en base a los partidos. No siempre pensar en que la pelota la podíamos tener nosotros. El fútbol tiene dos fases: una cuando la tenés y otra cuando no», explicó a FIFA.com. 

 

Poco después de la caída en el debut en Catar, ante Arabia Saudí, Scaloni organizó una reunión con algunos de los jugadores que más citaciones habían tenido en su ciclo. Dibu Martínez, Nicolás Otamendi, Rodrigo de Paul y Lautaro Martínez. Les pidió que levanten al grupo, que cambien la emoción del plantel y que no ‘carguen al 10’, que lo dejen tranquilo porque ya tenía demasiadas cosas encima. Los jugadores salieron a entrenar ese día con la conciencia tranquila y la alegría de tener otra oportunidad. El contagio fue unánime. Scaloni, que llega a los 100 partidos con un balance extraordinario y un palmarés que incluye la CONMEBOL Copa América 2021 y 2024, la Finalissima 2022 y la Copa Mundial 2022, quizás es un gestor de grupos ante todas las cosas.

El entrenador, de 48 años, tiene su marca, su sello. Entiende a los jugadores, cuenta con una empatía especial. «Es un enfermo de laburo, no para de trabajar. Gran creador de grupos. Creo que su gran virtud es que su grupo de jugadores daría la vida por él», dijo el Dibu Martínez a FIFA.com.

 

Cien partidos después de aquel llamado a Aimar, Scaloni construyó mucho más que un equipo ganador. Reunió tradiciones que parecían irreconciliables, convenció a una generación de futbolistas y devolvió a la Selección argentina a la cima del mundo. En un país acostumbrado a discutir de qué lado de la grieta futbolera está cada uno, él encontró una rara excepción: convertirse en el punto de encuentro.

 

 

Fuente: FIFA 

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