Honores para los campeones mundiales juveniles de Pequeñas Ligas en sus 40 años de gloria
El legendario equipo de 1986 fue homenajeado en el estadio Mario González Bozo de San Jacinto en un acto cargado de nostalgia, reencuentros y lágrimas de emoción.
La celebración de los 40 años de la gesta de los primeros campeones mundiales juveniles de las Pequeñas Ligas de Béisbol de Venezuela quedó inmortalizada la tarde de este viernes 14 de agosto.
El estadio Mario González Bozo, ubicado en el complejo Nerio «Camarita» Flores de San Jacinto, fue el escenario de una emotiva ceremonia salpicada de lágrimas, voces quebradas y prolongados aplausos.

El acto contó con la presencia de seis de aquellos héroes que, un 16 de agosto de 1986, hicieron llorar de alegría a todo un país tras alzar por primera vez una copa universal. Este hito selló la consagración del movimiento de béisbol menor venezolano, que ese mismo año cumplía 31 años de fundación.
El regreso de los héroes a San Jacinto
La Pequeña Liga Coquivacoa fue la campeona de aquel entonces y sirvió como base para la selección nacional. Por esta razón, el proyecto Deporte Soy Siglo 21 —organizador del homenaje junto con el Directorio Nacional de las Pequeñas Ligas de Béisbol de Venezuela (DNPLBV) y el circuito anfitrión— eligió el diamante de San Jacinto para rendir merecidos honores a los monarcas por sus cuatro décadas de historia.

Gabriel Estrada, Hexiover Hernández, José «Cheo» García, Ender León, Nelson Torres, Ana Moreno (en representación de su padre, Gerardo Moreno) y el delegado Francisco Rangel lograron reunirse nuevamente tras muchos años. El reencuentro propició una ceremonia llena de entusiasmo, anécdotas y charlas que revivieron hermosos recuerdos.
Lágrimas y gratitud institucional
Luego de entonarse las notas de los himnos nacional y del estado Zulia, Violeta Aguiar, presidenta del DNPLBV, tomó la palabra para expresar el profundo significado de reconocer el legado de estos campeones mundiales.
«Estamos inmensamente agradecidos por este homenaje y nos sentimos reflejados en él, porque estos peloteros son parte de la raíz de nuestro movimiento. Gracias a todos los que hicieron posible esta hermosa ceremonia», manifestó Aguiar, visiblemente conmovida y sin poder evitar las lágrimas.
El sentir de los campeones
Ender León, Jugador Más Valioso del encuentro que coronó a Venezuela, tomó la palabra en nombre de sus compañeros: «Estoy inmensamente feliz y agradecido por tomarnos en cuenta. Gracias a todos. Como lo dije la vez pasada, ya Dios puede disponer de mí cuando quiera y me iré satisfecho al ver lo que vivimos hoy», confesó el lanzador que ganó tres partidos en esa serie, un mérito cuyo valor agiganta el paso del tiempo.
Por su parte, Francisco Rangel, delegado de aquella selección, cerró los discursos elogiando a una generación que ha trascendido las épocas gracias al esfuerzo invertido para alcanzar la cumbre.

«Esos muchachos nos dieron un gran ejemplo de compenetración, unión, mentalidad ganadora y cohesión grupal para afrontar las dificultades y ganar ese campeonato mundial. Tanto fue así que logramos meter a cinco jugadores en el cuadro de honor, más del 50%, algo de lo cual todavía nos enorgullecemos», expresó el dirigente, quien destacó sobremanera en la conducción de la delegación fuera del terreno de juego.
Un legado que debe continuar
Luis Urribarrí, promotor fundamental para materializar esta iniciativa impulsada por Ender León, sintetizó las emociones de la jornada y dejó un mensaje para el futuro del deporte local.
«Hay que continuar celebrando estos acontecimientos y reconocer a sus protagonistas. Existen muchos otros héroes que todavía permanecen en el anonimato y merecen una distinción similar. Pero hoy el turno de celebrar fue para estos campeones; felicitaciones nuevamente», exclamó con orgullo el dirigente.

La inolvidable jornada de este viernes no solo sirvió para desempolvar las memorias de una hazaña irrepetible, sino también para recordarles a las nuevas generaciones el camino de disciplina y entrega que se necesita para triunfar. Cuarenta años después, el eco de los bates y la gloria de Coquivacoa siguen resonando con fuerza, demostrando que el verdadero talento venezolano no se olvida, se inmortaliza.
Texto y Fotos: Luis Bravo

